Comer modernamente: El matcha

En su día fue el cacao, el diente de león, las bayas de goji, o recientemente la famosa quinoa, popularmente conocida como “comida para pájaros que no sabe a nada”. Pero al parecer, el superalimento que lo está petando in da house, es el té matcha.

Señoras, señores, foodies de tres al cuarto, amigas. El té matcha es la nueva panacea, el elixir de la modernidad eterna, el antídoto contra la mediocridad y la agonía de volver al curro un caluroso mes de septiembre en la gran ciudad.

Tiene más propiedades y beneficios para la salud que las judías mágicas de Dragon Ball: Vitamina C, selenio, zinc, aminoácidos como L-Teanina que estimula la producción de serotonina, dopamina y la activación de las ondas alfa en el cerebro, además de producir una gran energía para el organismo.

Este milenario té que los chinos introdujeron en Japón hace más de mil años, se ha convertido en la bebida de moda entre las jovenzuelas con más de 20K en Instagram. La gran mayoría de estas mozas no tienen ni puta idea de lo que están tomando.

De hecho, debido a su textura en polvo refinado y al extra de energía que produce, estoy seguro que en alguna discoteca de moda en Manhattan se está vendiendo a precio de oro como “Healthy drug”. Me imagino largas colas en el baño esperando a un dealer con dentadura perfecta, peinado impecable y enfundado en una camiseta Givencci con una riñonera de tejido ecológico con el logo de Loewe donde guarda todos los pollos de matcha.

Así es queridas. Porque este nuevo superalimento o droga, como queráis llamarlo, tiene mil variantes de formas de consumo. La más clásica es con agua caliente, como el té de toda la vida. Pero también se puede consumir en batidos, cappuccinos, limonadas, yogur helado o incluso repostería. Vamos, como el cáñamo, que te lo encuentras hasta en unas jodidas alpargatas de esparto.
Todo el mundo habla de los grandes beneficios de esta nueva droga pero, como suele pasar, nadie comenta los efectos secundarios perjudiciales para la salud. En este caso, suelen aparecer rápidamente y se caracterizan por una rematada gilipollez extrema manifiesta exclusivamente en redes sociales. Los enganchados a esta mierda son capaces de hacer colas de más de dos horas en la puerta del Cha Cha Matcha de Nueva York, el local de moda de esta droga legalizada que para más “indie” no tiene aire acondicionado dentro.

Así que ya lo sabéis y quedáis advertidos. Id con cuidado si alguien se os acerca y pretende ofreceros una bebida de dudoso color verdoso. Seguramente os querrá engañar diciendo que se trata de un zumo détox, pero en realidad es posible que se trate de leche de soja mezclada con esta nueva droga. Habréis caído en la estupidez del momento y tendréis la gran necesidad de colgar una foto chupando una pajita con este asqueroso brebaje mientras miráis al infinito y la cámara desenfoca la mesa de madera.

Escarles Johansson

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