Hijo de Mendez

Es viernes y todo parece molar, salgo del curro con unas ansias de comida más propia de un preso en huelga de hambre. Llega la hora de probar un nuevo restaurante, un nuevo reto al que enfrentarme con el claim sexy de “Tragos y tacos”.

Me reúno con un amigo y una amiga, adictos a nuevas experiencias gastronómicas y con el paladar más fino que la reina de Inglaterra. Llegado el momento, entramos en Hijo de Mendez nada impresionados por un espacio a medio camino entre una replica de un restaurante cool de Copenhagen y nave de Poblenou, aquí hemos venido a probar los tacos, el tema estética en Barcelona ya nos parece una mierda para gente que se tiene que sentir elegante a la hora de comer.

Y voilá, pedimos dos rondas de tacos, de carne y de pescado para calibrar el restaurante, ceviche y guacamole. La puesta en escena es muy visual, ya que el camarero viene con un carrito ultramoderno con todo el papeo a medio montar para deleitarnos con su savoir faire. Preparados para probar los tacos (3 unidades a 11€ de media, precio caro hasta en Barcelona lo que sube nuestras expectativas) y la decepción es absoluta, ni el de carne, ni el de pescado, tacos sin sabor e insípidos, la comparación es odiosa pero más viniendo de pasar dos semanas en California poniéndome fino a tacos por 2 pavos que le pintaban la cara a estos en sabor.

El ceviche no subió el nivel, uno de los muchos que llenan la ciudad dado la demanda brutal que este plato tiene en Barcelona, un guacamole normalito cerró esta Santísima Trinidad de espanto.

Hijo de Mendez, una taquería con un concepto bastante guay donde no ir a comer, quizás si por la noche a privar aprovechando que una vez al mes esta el gran Lil´ Yeti a los platos (pincha el 16 de febrero).

Fotos: Víctor Ibáñez

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