Comer modernamente: Las bodegas

¿Eres de los que come ensalada de quinoa aunque te parezca comida de pájaro? ¿Desayunas zumos de fruta naturales del tipo naranja con zanahoria y jengibre, aunque su sabor te recuerde al césped recién cortado donde tu perro ha cagado esta mañana? ¿Todavía piensas que “cocinar” hummus cuando tienes invitados en casa sigue siendo cool? Si es que alguna vez lo fue. ¿Te gustaría desayunar en el curro con un bocadillo de queso manchego con anchoas, pero sin saber por qué siempre acabas con pan multicereal relleno de tristes y pegajosas lonchas de pechuga de pavo?

Amigas y amigos, estáis de suerte. ¡Al fin ha llegado la guía modernista del S. XXI para aprender a comer modernamente sin acabar siendo un rematado gilipollas!

Hoy os vamos a explicar cómo detectar una bodega auténtica. O lo que viene a ser lo mismo, una auténtica bodega. Puntualizando que cuando hablamos de bodegas también incluimos bares y tabernas.
Vale, vale; ya sabemos que las bodeguillas están de moda, son un must y tal. La necesidad de encontrar una pizca de autenticidad escondida en las grandes urbes de cartón pluma, se ha convertido en un reto de lo más aventurero para los aspirantes a moderno del año. Boy Scouts del asfalto dispuestos a encontrar el diamante rojo de la hostelería de barrio, antes que lo “descubra” el blog de turno.

via GIPHY

Ahora lo molón es hacer afterwork en la bodega que tú has descubierto. Esperar con ansia que sean las siete de la tarde para invitar a la becaria – Eh, conozco un sitio muy auténtico donde tiran la caña de cerve de puta madre, ¿Te apuntas?- . Hace unos años ni se nos pasaba por la cabeza invitar a una titi a la que nos queríamos beneficiar a comer callos con cap i pota, mientras la mirada de señores aburridos con cirrosis escaneaba sus tetas. Pero ahora sí. Buscamos la autenticidad a través de las pequeñas cosas, la sencillez y la austeridad. Porque en la sencillez está la pureza. Y no hay nada más puro que mamarse 5 quintos de Estrella Galicia amenizados con unas olivas gazpachas después de currar. Y si encima pillas cacho… Námaste.

Por eso amigas y amigos os vamos a dar las claves para evitaros el mal trago de ir a falsas bodegas, tabernas y/o bares como el Bar Mut y parecer gilipollas al pagar la cuenta por 4 boquerones en vinagre y dos vermuts de la casa. Con estas sencillas indicaciones conseguiréis impresionar a vuestros amigos con hijos, quienes solo pueden hacer planes los fines de semana a la hora del vermut. Y al mismo tiempo será vuestro pistoletazo de salida hacia un día de hedonismo infinito, que acabará con un ciego de espanto 24 horas más tarde de la primera caña.

1 BODEGAS - 980x290 pix

 

Apología punk sobre el feísmo y lo antiestético.

La estética y búsqueda de lo bello importa una mierda. Te pueden servir CocaCola en copa de cerveza con tanta firmeza y seguridad que acojonaría hasta el mismísimo Chuck Norris.
Platos despuntados, vasos rayados por el exceso de cal o restos de decoración navideña en pleno mes de julio, son algunos claros indicadores.
No te fíes de las falsas bodegas regentadas por jóvenes emprendedores que no son del oficio y, que simplemente por el hecho de frecuentar bares, piensan que podrán llevar el timón de una bodega aprovechando el hype del momento. – ¡Bah! con mirar un tutorial en Youtube sobre cómo tirar una caña y comprar latas de conserva gourmet ya es suficiente – ¡ERROOOOR! Detectar a un principiante de este calibre es lo más fácil. Se preocupa demasiado por tenerlo todo bonito y que al mismo tiempo parezca viejuno. Modernizan los clásicos de siempre para mal conseguir una harmonía vintage, pero se hacen la picha un lío a la que les piden 4 cosas de golpe.

Carisma, espontaneidad y mala hostia.

Si consigues entrar en un garito donde el dueño fume dentro pero no deje fumar, habrás encontrado el jodido Santo Grial, amigo.
El mesonero debe haber mamado barra desde crío. Cuantas más generaciones atesore la bodega mejor. Eso implica más manías, tics, obsesiones; un sinfín de frustraciones e impotencias que convierten la relación dueño-cliente en algo bizarro y, en ocasiones, surrealista con excesos de confianza y faltas de respeto constantes.
Destaca por su agilidad mental a la hora de brindar respuestas brillantes para todo. Y siempre en clave sarcástico-vacilona.
Si suelta alguna de este calibre es que no te has equivocado de garito:
-Si quieres fumar dentro cómprate un bar.
-Esto es una taberna. Los papeles se tiran al suelo.
-Si tienes prisa vete al McDonald’s.
-¡Cuidado! que paso por Detroit y voy caliente => Cuidado que paso por detrás y llevo la bandeja llena de cafés y carajillos.

via GIPHY

También es muy importante analizar la comunicación no verbal para detectar los siguientes comportamientos:
-Beber a morro (lo que sea) dentro de la barra dando la espalda a la clientela, con una mano en la cintura mientras mama con la otra mirando al infinito.
-Leer el periódico y sudar de tu puta cara hasta que no haya acabado la contra de la Vanguardia.
-Atender a los regulars primero, a pesar de que hayas llegado antes.
-Lucir manchas, tanto líquidas como sólidas, con orgullo. Con la cabeza bien alta. Son medallas de guerra.

Los regulars son los que cortan el bacalao.

Una taberna, bodega o bar como Dios manda debe ser un nido de juguetes rotos, sueños truncados, decepciones y todo tipo de psicopatologías. Un oasis de gente de verdad. Luchadores de carne y hueso que llevan como pueden sus miserables vidas.
Frecuentan el bar siempre que pueden. Cualquier momento es bueno para hacer un mini break con un carajillo, echar unos eurillos a la máquina, escaquearse del marido o comentar el partido de anoche con el camarero.
Cuando están en el bar se sienten como pez en el agua. Es su segunda casa, aunque si fuese por ellos sería la primera. Su autoestima aumenta al mismo ritmo que la ingesta de copas de Veterano. Cogen confianza y se toman la libertad de meterse en conversaciones ajenas, sin importar la temática. Política, follar, TV, medicina, animales, bricolaje, ETA, etc.
Tienen su corner y todo el barrio lo sabe y respeta. Está el que se coloca en el trozo de barra más cercano a la máquina tragaperras, la señora sentada en la mesa desde la que se ve mejor la TV, la de la tienda de Vodafone que le gusta ponerse mirando a la calle, o el que entra gritando: Chochín, toma chicha que te da el chachi, da un golpe al mostrador y seguidamente pide un vino.
Antes de ganarte al dueño debes ganarte a los regulars. Deja que se metan en tus conversaciones, que te pongan a prueba mirando las tetas de tu parienta y bromeando sobre tu virilidad delante de tus amigos. Al cabo de 3 o 4 días de humillaciones invita a alguno de ellos a lo que esté tomando y verás cómo a partir del quinto día te saludará levantando sutilmente las cejas.
Y siempre ten clara una cosa. Nunca serás uno de ellos porque jamás dedicarás la cantidad de horas que ellos dedican a su preciado templo.

via GIPHY

¿Bodega gourmet? NO, gracias

A ver, no nos confundamos. La calidad de la materia prima es muy importante pero no es lo único. Hay que ser mongolo para gastarse 50 pavos en latas de conserva y vermuts, mientras disfrutas de todo ello en tan solo medio metro de barra.
-En una taberna auténtica se valora la calidad del producto, pero ésta carece de relevancia si no va acompañada de los chistes guarros del camarero o de Pilar, la transexual, que cada mañana se toma un cortado antes de ir a currar.
-Que no os engañen. No queremos cecina con mascarpone ni guiños a Japón con ridículas tapas de tataki de atún. Si buscamos una bodega, bar o taberna auténtica ésta tiene que ofrecernos manjares típicos; sin mariconadas. Fricandó con setas, habas a la catalana, croquetas caseras, callos con cap i pota, oreja frita, buñuelos de bacalao, anchoas en aceite, boquerones en vinagre, etc.
-En una bodega auténtica los regulars beben vino y punto. No importa una mierda su DO. Simplemente beben vino y se acabó. Así que ni se te ocurra entrar y pedir alguna recomendación. Y si te la dan, es que te has equivocado de lugar.
-En una bodega auténtica una caña es una caña y una copa de cerveza es una puta copa de cerveza. Cuando pides una caña deben servirla en el típico vaso de café con leche. Ya sabes, con su cremita y tal. Si pides una caña y te ponen una copa, rompe el vaso contra la barra y clávaselo en el cuello. Con suerte no tendrá tiempo de chillar.

Y recuerda que por muy auténtica que sea una taberna, si tienes que reservar sitio en la barra es que ya no merece la pena que vayas. Seguramente ya se han apoderado de ella los escritores de moda o el bajista que no folla de algún grupo indie.

Escarles Johansson

Ilustración : Alberto Hernández Medina

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current day month ye@r *